Stobruldi Vitral · notas de taller

Oficio del vidrio emplomado

Del cartón al panel emplomado: cómo se trabaja un vitral

Un vitral no empieza en el vidrio, sino en un dibujo a tamaño real donde ya está decidido por dónde pasará cada línea de plomo. Estas páginas siguen ese recorrido en orden: el despiece del cartón, el corte y el grosado de cada pieza, la elección entre vidrio coloreado en masa, plaqué o grabado, el montaje con perfil de plomo o con cinta de cobre, la soldadura, el masillado, la pintura con grisalla y su cocción, y por último la colocación en el hueco y el cuidado de las piezas antiguas.

El texto está escrito desde la práctica del taller y con el vocabulario que se usa en él. Sirve tanto a quien monta su primer panel pequeño como a quien mira una vidriera de una parroquia o de una escalera modernista y quiere entender por qué está construida así y qué la hace durar o fallar.

Panel emplomado de tres compartimentos con escudos heráldicos pintados sobre vidrio azul, rojo y ámbar, visto a contraluz
Tres compartimentos heráldicos montados con perfil de plomo: el dibujo está resuelto a la vez con el color del vidrio y con el trazo de grisalla cocido sobre él. Imagen de archivo utilizada como referencia visual del tema.
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Dibujo a tamaño real, plantillas numeradas y anchura del alma del plomo.

La lectura del cartón y el despiece de las piezas

El cartón es el dibujo del panel a escala 1:1. En él se fijan las dimensiones exteriores, el reparto de la composición y, sobre todo, el trazado de los plomos, que en el vitral cumplen una doble función: sostienen y dibujan. Una línea mal situada se nota siempre, porque el ojo la lee como parte del diseño y no como un recurso constructivo.

Del cartón se derivan tradicionalmente tres documentos: el dibujo de referencia que queda colgado en la pared o bajo el banco, el calco de montaje sobre el que se irá armando el panel, y las plantillas recortadas que sirven para cortar el vidrio. El recorte se hace con tijeras de tres hojas, que retiran una tira equivalente al alma del perfil de plomo, normalmente entre uno y milímetro y medio. Si se recorta con tijeras normales, el panel crece al montarlo y acaba sin entrar en el hueco.

Antes de cortar conviene que el cartón esté completamente cerrado como documento de trabajo. Cuanto más se decida sobre el papel, menos se improvisa con el vidrio en la mano.

Lo que debe llevar el cartón antes de tocar el vidrio

  • Medida exterior del panel ya descontada la holgura de colocación en el galce.
  • Numeración de todas las piezas y una marca clara de cara vista.
  • Indicación de color y tipo de vidrio pieza por pieza.
  • Dirección de veta, burbujas o estrías cuando el vidrio las tenga marcadas.
  • Posición de los refuerzos horizontales, para que no crucen una zona pintada importante.
  • Señal de las líneas que llevarán plomo más ancho, si el dibujo lo pide.
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El corte del vidrio y el grosado del borde

El vidrio plano no se corta: se raya y se rompe. La ruleta de carburo con depósito de aceite marca una línea de tensión muy fina y el vidrio se separa siguiéndola si se le ayuda enseguida. La regla práctica es sencilla: presión constante y un solo pase. Volver a pasar sobre la misma raya estropea la rueda y produce roturas sucias con astillas.

La plantilla se coloca sobre el vidrio, se sigue su contorno y se rompe primero por los trazos largos. Las curvas cerradas no se sacan de una vez: se descargan en varios cortes tangentes que van liberando material hasta llegar al perfil definitivo. Para separar se usan alicates de tronzar, el canto de la mesa o una ligera presión con los pulgares por debajo de la raya.

Después llega el grosado: con alicates de morder se va comiendo el sobrante a pequeños bocados, acercándose al filo de la plantilla sin llegar a saltarlo. El borde queda irregular y se repasa con piedra de carborundo o con lija diamantada húmeda, que además elimina el filo cortante. La pieza se comprueba sobre el cartón antes de darla por buena.

Fallos habituales en la mesa de corte

  • Rayar dos veces la misma línea buscando «más profundidad».
  • Empezar el trazo dentro del vidrio en lugar de hacerlo desde el borde.
  • Cortar sobre una superficie con restos de vidrio, que provocan saltos y conchas.
  • Dejar las piezas sin repasar y montarlas con el filo vivo.
  • Olvidar que el vidrio plaqué y el opalino se rompen con tensiones distintas a las del incoloro.
Manos cortando a pulso una lámina de vidrio azul sobre un banco de madera, rodeadas de recortes de color y tiras de cinta de cobre
Banco de corte con recortes de color y cinta de cobre a mano. Imagen de archivo, sin relación con personas o talleres concretos.
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Color en la masa, capa fina del plaqué y grabado para obtener dos tonos en una pieza.

Vidrios de color, plaqués y superficies grabadas

El color del vidrio de vitral procede de óxidos metálicos añadidos en la fusión: cobalto para los azules, cobre y cromo para buena parte de los verdes, manganeso para los morados, y oro o selenio para los rojos. Un vidrio coloreado en masa mantiene el mismo tono en todo su espesor, de modo que el borde cortado enseña el color completo.

El caso del rojo intenso es distinto. Por ser un color muy saturado se fabrica como plaqué: una lámina delgada de color sobre una base incolora o clara. Ese detalle, que parece menor, abre una de las posibilidades más antiguas del oficio. Rebajando la capa superficial con ácido fluorhídrico o con chorro de arena se obtienen dos tonos —e incluso medias tintas— dentro de una misma pieza, sin cortar ni emplomar. Así se resolvían las cabezas coronadas, los blasones y los detalles finos en vidrieras medievales y en muchas piezas historicistas.

El grabado con ácido exige protección adecuada, extracción y un espacio preparado; el chorro de arena ofrece resultados distintos, más mate y menos precisos en el borde, con menos riesgo químico. En ambos casos se protege con reservas lo que no debe atacarse.

Familias de vidrio que aparecen a diario en el banco

  • Soplado tipo antiguo: espesor desigual, burbujas y estrías que mueven la luz.
  • Laminado o «catedral»: superficie texturada, color uniforme, corte previsible.
  • Opalino: parcialmente opaco, útil para carnaciones y zonas que deben cerrar la vista.
  • Plaqué: capa de color sobre base clara, base del grabado a dos tonos.
  • Craquelado y vidrios de fabricación irregular: efectos fuertes, corte más delicado.

Conviene mirar cada plancha a contraluz sobre la mesa de luz antes de cortarla: el color de un vidrio sobre la mesa blanca y el mismo vidrio contra el cielo no se parecen casi nunca.

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Perfiles en H y en U, estirado previo, montaje contra reglas en escuadra.

El montaje con perfil de plomo

El perfil de plomo tiene sección de H: dos alas que abrazan el vidrio por ambas caras y un alma central que las separa. Para el borde del panel se emplea perfil en U, que cierra el canto. Las alturas habituales van de cuatro a doce milímetros y se eligen según el tamaño de las piezas, la carga del conjunto y el peso gráfico que quiera dársele a la línea.

El plomo se estira antes de usarlo, sujeto por un extremo en una estiradora o en un tornillo de banco. El estirado endereza la varilla, la endurece ligeramente y deja las alas en posición de recibir el vidrio. Un plomo sin estirar se monta blando y da paneles flojos.

El montaje se hace sobre el calco, entre dos reglas fijadas en escuadra. Se empieza por la esquina inferior y se avanza pieza a pieza: se abre el ala con el palillo, se encaja el vidrio hasta el alma, se corta el plomo a inglete con el cuchillo —con un movimiento de balanceo, sin aplastar el perfil— y se clava provisionalmente con puntas y un calzo de madera para que nada se mueva.

Control mientras se arma el panel

  1. Comprobar cada dos o tres piezas que el montaje sigue coincidiendo con el calco.
  2. Vigilar la deriva: si el panel crece, casi siempre sobra vidrio en el grosado o falta encaje hasta el alma.
  3. Mantener los cortes de plomo limpios, porque una unión mal cortada se nota después al soldar.
  4. Colocar los plomos más anchos donde el dibujo lo pida, no donde toque por azar.
  5. Cerrar el perímetro con perfil en U y verificar diagonales antes de soldar.
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Cinta adhesiva de cobre, bruñido, cordón de estaño continuo y pátina.

La técnica de la cinta de cobre

La segunda vía de montaje envuelve el canto de cada pieza con cinta de cobre adhesiva —anchuras habituales entre 4,8 y 6,4 milímetros— y suelda después toda la superficie de cobre hasta formar un cordón continuo de estaño. Es el sistema asociado a las lámparas y a los objetos tridimensionales, y permite piezas pequeñas y curvas muy cerradas que con plomo resultarían imposibles.

El borde debe estar repasado y seco: sobre un filo irregular la cinta no se centra y el cordón sale torcido. Una vez colocada, la cinta se dobla sobre ambas caras y se bruñe con fuerza para que no queden bolsas de aire. Luego se estaña primero por puntos, para fijar el conjunto, y a continuación se recorre la línea completa por las dos caras.

En piezas grandes, el cordón por sí solo no basta: se integran varillas de latón o cobre estañadas en las líneas principales, y en los objetos con volumen se calcula la estructura antes de empezar. Al final, la superficie puede dejarse en estaño brillante o llevarse a negro o cobre con pátina, seguida de limpieza y encerado.

Cuándo conviene cada sistema

  • Plomo: paneles de ventana, superficies grandes, piezas destinadas a un hueco arquitectónico.
  • Cinta de cobre: piezas menudas, contornos muy curvos, volúmenes y objetos de sobremesa.
  • Combinación: cuerpo del panel emplomado con zonas de detalle resueltas con cinta.
  • Línea gráfica: el plomo da un trazo uniforme; el estaño permite variar el grosor a lo largo del recorrido.
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Estaño 60/40, uniones por las dos caras, masilla de aceite de linaza y blanco de España.

Soldadura y masillado del panel

Las uniones se sueldan con estaño y plomo en proporción 60/40, que funde a temperatura baja y solidifica deprisa. Se trabaja con un soldador de unos ochenta a cien vatios y punta ancha, apenas fundente sobre la unión y una gota de estaño que se deposita y se retira sin insistir: si el hierro se queda sobre el plomo, lo abre y hay que rehacer la zona. El panel se suelda entero por una cara, se da la vuelta con cuidado y se repite por la otra.

En esta fase se sueldan también las ataduras de alambre de cobre que después atarán el panel a los refuerzos horizontales. Es más fácil hacerlo ahora que con la pieza colocada.

El masillado es lo que convierte un conjunto de piezas sueltas en un panel rígido y estanco. La masilla tradicional combina aceite de linaza, carbonato cálcico —el blanco de España— y un secante; suele teñirse con negro para que la línea de plomo no quede clara. Se extiende con brocha de cerda dura empujándola bajo las alas por ambas caras, hasta que ya no admite más.

Secuencia del masillado y la limpieza

  1. Extender la masilla con brocha en movimientos circulares sobre toda la superficie.
  2. Retirar el exceso con un palillo de madera afilado recorriendo el borde de cada ala.
  3. Espolvorear blanco de España, que absorbe el aceite y arrastra los restos.
  4. Cepillar con cepillo de cerda natural hasta que el vidrio quede limpio y el plomo mate.
  5. Repetir por la otra cara y dejar endurecer días antes de mover o instalar el panel.

Un panel recién masillado es más frágil de lo que parece: la masilla todavía no ha fraguado y todo el trabajo se sostiene solo sobre las soldaduras.

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Óxidos con fundente, trazo y matiz, luces sacadas por reserva, horno entre 600 y 660 °C.

Pintura con grisalla y su cocción

La grisalla es un óxido metálico molido —de hierro o de cobre— mezclado con un fundente vítreo. Aplicada sobre la pieza y llevada al horno, el fundente se adhiere al vidrio y fija el pigmento de forma permanente. Se prepara con agua y goma arábiga, o con medios grasos cuando se busca un trabajo más lento y manipulable.

El trabajo tiene dos tiempos clásicos. Primero el trazo, hecho con pincel fino sobre la pieza colocada encima del cartón, que define contornos, pliegues y rasgos. Después el matiz: un velo uniforme extendido sobre la superficie y suavizado con paletina de pelo suave, del que se recuperan las luces retirando pigmento con pincel seco, con la punta de una aguja o con el mango del pincel.

Junto a la grisalla se emplean el amarillo de plata, que se aplica por el reverso y tiñe el propio vidrio en tonos que van del limón al ámbar, y los esmaltes coloreados, más superficiales. Cada material pide su temperatura, de modo que un rostro complejo puede pasar por el horno varias veces, siempre de la cocción más alta a la más baja.

Puntos críticos en la cocción

  • Las piezas se apoyan sobre un lecho separador —arena fina o papel cerámico— que evita que se peguen a la placa.
  • La subida y el enfriamiento deben ser lentos: el choque térmico rompe piezas y agrieta esmaltes.
  • La grisalla poco cocida se desprende con el tiempo; la excesivamente cocida se hunde y pierde el trazo.
  • Cada vidrio y cada horno responden de forma distinta, así que se hacen pruebas con recortes del mismo lote.
  • Las piezas pintadas se numeran y se guardan en orden: después de la cocción el color cambia y cuesta identificarlas.
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Holgura en el galce, refuerzos atados y cámara ventilada frente a la condensación.

Colocación del panel y ventilación del hueco

El panel se mide para el hueco dejando una holgura que permita entrarlo sin forzar y absorber los movimientos del marco. Se apoya sobre calzos, nunca directamente sobre el fondo del galce, y se sella con un material elástico que no impida futuras intervenciones. Un panel apretado o recibido con mortero rígido termina agrietando el vidrio en cuanto la carpintería trabaja.

Los refuerzos horizontales —las barras o vergas que atraviesan el panel por la cara exterior— se atan con los alambres de cobre soldados durante el montaje. Su posición se decide en el cartón, porque una barra que cruza un rostro o una inscripción arruina la lectura del conjunto.

Cuando se coloca un acristalamiento de protección por el exterior aparece un problema de física antes que de oficio: el aire encerrado entre las dos hojas se enfría, alcanza el punto de rocío y condensa sobre el vitral. El agua permanente sobre la superficie acelera la corrosión del vidrio y el deterioro de la grisalla. Por eso la cámara no se cierra: se ventila mediante aberturas superiores e inferiores que mantienen el aire en movimiento.

Aspectos que se deciden antes de instalar

  • Separación suficiente entre el vitral y el vidrio de protección, del orden de dos a tres centímetros.
  • Aberturas arriba y abajo, protegidas frente a insectos y entrada directa de agua.
  • Orientación de la ventilación, hacia el interior o hacia el exterior, según el clima y el uso del edificio.
  • Accesibilidad para limpieza y revisión periódica de las dos caras.
  • Fijaciones reversibles, que permitan desmontar el panel sin dañarlo.
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Documentar primero, intervenir lo mínimo, conservar el vidrio original.

Restauración de vitrales antiguos

Una vidriera vieja contiene más información que su imagen: los plomos hablan de reparaciones anteriores, las piezas desparejadas indican roturas antiguas, y la corrosión registra décadas de humedad. Por eso el primer trabajo no es desmontar, sino documentar. Fotografías a contraluz y con luz reflejada, calco del emplomado, frotis de los plomos y un esquema numerado permiten volver atrás en cualquier momento.

El diagnóstico distingue entre daños del vidrio —picaduras, costras, pérdida de transparencia—, daños de la pintura —grisalla pulverulenta o desprendida— y daños estructurales: plomos fatigados, soldaduras rotas, alabeo del panel. Cada uno pide una respuesta distinta y no todos requieren reemplomar.

Los criterios de conservación son estables: intervención mínima, materiales reversibles, distinción entre lo original y lo añadido, y prioridad absoluta al vidrio histórico. Una pieza rota se conserva y se pega con resina adecuada o se sostiene con una pieza de apoyo antes que sustituirse por una nueva. La grisalla original no se repinta para «completar» un rostro perdido. La limpieza se hace con medios suaves, agua desmineralizada y bisturí bajo lupa cuando hace falta, nunca con ácidos ni con cepillos metálicos.

Registro mínimo de una intervención

  • Estado inicial fotografiado pieza a pieza, por ambas caras.
  • Calco del emplomado antes del desmontaje.
  • Mapa de daños: roturas, pérdidas, piezas ajenas al original, reparaciones previas.
  • Relación de materiales empleados y de las piezas nuevas, marcadas de forma discreta pero identificable.
  • Estado final documentado y recomendaciones de mantenimiento y ventilación.
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Zonas separadas, mesa de luz, extracción de humos e higiene del plomo.

Cómo se organiza un taller de vitral

Un taller de vitral funciona por zonas. La de corte necesita un tablero limpio y una mesa de luz para leer el vidrio a contraluz. La de montaje pide una superficie perfectamente plana con reglas en escuadra y sitio para trabajar alrededor del panel. La de pintura debe estar separada del polvo y de la masilla, junto al horno y a un caballete vertical que permita ver las piezas a contraluz mientras se pintan. La de masillado es la más sucia y conviene aislarla del resto.

El almacenamiento condiciona el día a día: las planchas se guardan de canto, en bastidores separados por color y tipo, y los recortes útiles se clasifican; los inservibles van a un contenedor cerrado, no al suelo.

La seguridad no es un apartado accesorio. Se trabaja con plomo, estaño y humos de fundente, y todo eso exige hábitos constantes más que equipos caros.

Hábitos y equipo básico

  • Extracción localizada sobre el puesto de soldadura y ventilación general del espacio.
  • No comer, beber ni fumar en la zona de trabajo; lavado de manos antes de cualquier pausa.
  • Limpieza en húmedo o con aspirador de filtro fino; nunca barrer en seco los restos de plomo.
  • Ropa de taller que no salga del taller y superficies limpiadas al final de la jornada.
  • Gafas de protección al cortar y al grosar, y guantes adecuados en las tareas que los admitan.
  • Herramienta mínima: cortavidrios de aceite, alicates de tronzar y de morder, cuchillo de plomero, estiradora, soldador, brochas y palillos.
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Qué publica Stobruldi y cómo está ordenado el material.

Los contenidos de Stobruldi

Stobruldi es un sitio informativo sobre el trabajo del vitral. El material se organiza siguiendo el orden real de las operaciones del taller, de manera que cada apartado pueda leerse por separado o como parte del recorrido completo desde el cartón hasta la colocación del panel.

Lo que se publica son textos explicativos: descripción de procedimientos, vocabulario del oficio, criterios que se aplican al decidir entre una técnica y otra, y las precauciones asociadas a los materiales. No se publican listas de proveedores, valoraciones de marcas ni encargos.

  • Fases del trabajo: cartón, corte, montaje, soldadura, masillado, pintura y colocación.
  • Materiales: tipos de vidrio de color, perfiles de plomo, cinta de cobre, grisallas y esmaltes.
  • Criterios de conservación y restauración de vidrieras antiguas.
  • Organización del espacio de trabajo y hábitos de seguridad.

Las explicaciones son de carácter general y no sustituyen la formación práctica ni el criterio de un profesional ante una pieza concreta, especialmente cuando se trata de vidrieras históricas.

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Correo del proyecto para correcciones y comentarios.

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